Al ritmo actual, en 15 años el suministro de agua de la región metropolitana se habrá vaciado en 50%, advierte el Instituto Biosfera.
El Análisis del agua subterránea en la Región Metropolitana de Guatemala: evidencia de una crisis silenciosa, publicado por el instituto, traza la caída teniendo como referente los niveles de 1975.
Así este descenso ya rondaría hoy en 30% con respecto a aquel año, y de no cambiar las condiciones se agravará en la próximas dos décadas hasta alcanzar la mitad del agua que se disponía.
El hidrólogo y director del Instituto Biosfera, Juan Carlos Rosito, explicó en números redondos que la zona metropolitana consume cada año alrededor de 250 millones de metros cúbicos m3 de agua, el equivalente a 2 lagos de Amatitlán por año.
El problema es que la región metropolitana extrae más de lo que recarga, pues se estima que solo recupera 110 millones de m3 anuales.
A falta de más estudios, se presupone que el mayor consumo de agua en la Región Metropolitana es para fines domiciliares.
Un liderazgo para alcanzar recargas de entre 400 y 500 millones de m3 puede establecerse en el área metropólitana en un plazo de diez años, comentó el hidrólogo con cierto optimismo sobre este asunto que demanda voluntad política y organización civil.
“Reponer eso con lluvia va a llevar su tiempo. Es más integral. Tiene que haber reutilización del agua. Con eso puedo llegar a entre 50 y 100 millones de m3. Captación de agua de lluvia en los edificios, en los parques, etcétera, 50 millones de m3. Con estas prácticas de zanjas, etcétera, puedo llegar a 50 millones de m3. ¿Cuánto tiempo lleva? Lo que nos lleve a organizarnos”, dijo.
Preguntado sobre los factores que no permiten reabastecer el agua subterránea mencionó los cambios en los patrones de precipitación, el incremento de las temperaturas que evaporan el agua, la proliferación de pozos y la sobreextracción.
“En 1975 de acuerdo a los balances hídricos que existían en aquel entonces, el 40% de la precipitación se recargaba. Ahora hemos descendido a valores cercanos al 15%”, explicó Rosito.
El caso del lago de Amatitlán también es abordado en el análisis. Objeto de múltiples presiones, el cuerpo de agua presenta niveles muy altos de contaminación y disminución del flujo subterráneo. Una combinación por la que son previsibles eventos de acelerado desecamiento y eutroficación (crecimiento de algas).
Con este panorama, en la región metropolitana es “impostergable asumir el abordaje de la gestión integral de los recursos hídricos”, concluye el estudio que se puede consultar en este enlace.




